
Manu Sánchez reapareció este jueves en La 1 con el estreno de la segunda temporada de ‘El perro andaluz’, y lo hizo, una vez más, apostando por el discurso antes que por el humor. El presentador dedicó el arranque de la noche a un extenso monólogo sobre la crisis migratoria de Ceuta, dejando en un segundo plano la vuelta del formato para colocar el foco en sí mismo y en su vínculo personal con la ciudad.
«Hoy no quiero estar aquí, sigo en Ceuta», proclamó Sánchez, en un tono grave que contrastaba con la propuesta de entretenimiento que en teoría debía presentar el regreso del programa. El gesto, lejos de ser una novedad, confirma una tendencia que ya generó críticas durante el primer curso: la de un late night que, en sus minutos de arranque, tiende a abandonar la comedia para convertirse en una tribuna de opinión.
No es la primera vez que el presentador antepone el mensaje al espectáculo. Sus monólogos iniciales de la primera temporada, dedicados al centralismo o a los negacionistas del cambio climático, ya fueron señalados por parte de la crítica televisiva como ejercicios que, pese a partir de una premisa humorística, terminaban derivando en soflamas más propias de un mitin que de un programa de entretenimiento. Con este nuevo episodio, Sánchez parece confirmar que esa fórmula —la del cómico convertido en portavoz moral de la audiencia— seguirá siendo la seña de identidad del formato también en su segundo curso.
El eje central de su intervención fue la reciente crisis vivida en Ceuta, un territorio con el que el cómico mantiene un estrecho vínculo afectivo. Durante su alegato, el presentador reprochó la actitud de ciertos rostros conocidos de la televisión nacional que se desplazaron hasta la zona. Sin pelos en la lengua, cargó contra comunicadores de la talla de Ana Rosa Quintana e Iker Jiménez, a quienes acusó de acudir atraídos «por el olor a sangre» y buscando el morbo audiovisual. «Piden más medios, pero se referían a soluciones y efectivos, no a que vaya Ana Rosa, Carmen Porter e Iker Jiménez acudiendo a todo lo que sea amarillo», sentenció con rotundidad. El cómico sevillano rechazó de entrada el término invasión para describir la llegada de migrantes. «No puede ser una invasión si los invasores lo que quieren es una manta y un cardito», explicó.
El riesgo, apuntan quienes han seguido de cerca la trayectoria del programa, es que un recurso que funcionó como sorpresa en su primera aparición pierda fuerza al repetirse semana tras semana, y que el espectador termine por identificar ‘El perro andaluz’ más como un altavoz de las causas personales de su presentador que como el late night de humor, música y entrevistas que RTVE prometió en su presentación. Manu sigue su carrera más política que humorística.
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