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Investigadores de la UCA constatan el retroceso de las marismas de la Bahía de Cádiz en más de 60 décadas

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Un equipo de investigación de la Universidad de Cádiz (UCA), adscrito al Instituto Universitario de Investigación Marina (Inmar), ha reconstruido más de seis décadas de evolución de las marismas mareales de la Bahía de Cádiz y ha constatado una tendencia generalizada hacia su regresión.


Según ha indicado la UCA en una nota, este trabajo, desarrollado a partir del análisis de imágenes aéreas históricas tomadas entre 1956 y 2022, muestra que el borde de estas marismas ha retrocedido una media de 2,4 metros al año en la Bahía interior, aunque existen importantes diferencias entre unas zonas y otras.

La investigación, realizada por Concepción N. Rodríguez-Rojo, Juan J. Vergara, Laura del Río y Gloria Peralta, personal investigador de los departamentos de Biología y Ciencias de la Tierra, se ha publicado en la revista internacional Journal of Environmental Management con el título ‘Long-term evolution of salt marsh landscape change in a human-modified estuarine system (1956-2022): Implications for resilience and adaptive management’.

Para conocer cómo han cambiado estos ecosistemas, el Laboratorio de Carbono Azul de la UCA ha analizado las numerosas fotografías aéreas históricas en blanco y negro y ortofotografías en color disponibles entre 1956 y 2022. Estas imágenes se han integrado y analizado mediante Sistemas de Información Geográfica y se han combinado con cartografía de hábitats y técnicas específicas para cuantificar el desplazamiento del borde de las marismas, según han explicado.

En este sentido, han señalado que esta perspectiva temporal ha permitido comprobar que la transformación no se ha producido de la misma manera en toda la Bahía, ya que, aunque el balance general muestra una importante pérdida de estas marismas, existen zonas con comportamientos muy diferentes, identificando qué espacios son los más vulnerables y cuáles han mostrado hasta ahora una mayor capacidad para responder a los cambios ambientales.

Según el estudio, uno de los casos más significativos es El Trocadero (Puerto Real), donde se ha registrado el mayor retroceso del borde de la marisma, con una media de siete metros al año entre 1978 y 2022. En esta zona, la marisma baja se ha reducido hasta quedar por debajo del cinco por ciento de la superficie que ocupaba en 1978, mientras que la marisma media ha disminuido aproximadamente hasta el 75% de su extensión inicial.

Por el contrario, la Punta de la Clica (San Fernando) experimentó entre 1956 y 1978 una expansión de sus marismas. No obstante, después de 1978 esa evolución cambió, registrando un retroceso del borde de la marisma de 1,8 metros al año. Para el equipo investigador, este cambio de tendencia evidencia que incluso las marismas de mayor capacidad para responder a los cambios ambientales están ya sufriendo consecuencias negativas de las «presiones asociadas al cambio global».

Las conclusiones de esta investigación son especialmente relevantes ante las crecientes presiones a las que están sometidas las marismas, entre ellas el aumento del nivel del mar y la reducción de los aportes de sedimentos procedentes de los ríos, según ha apuntado la UCA.

Así, ha recordado que aunque históricamente han sido poco valoradas, las marismas desempeñan funciones esenciales que repercuten directamente en el territorio y en las poblaciones que viven en su entorno. De hecho, estos ecosistemas actúan como protección natural frente a las inundaciones costeras, favorecen la biodiversidad y funcionan como importantes almacenes de carbono azul.

Así, ha indicado que su degradación no supone únicamente la pérdida de superficie de un espacio natural, sino también una reducción los servicios de protección costera y retirada de CO2 atmosférico, pasando estas zonas a tener incluso un fuerte potencial de emisión de dióxido de carbono una vez se pierde la vegetación.

Finalmente, los científicos de la UCA han señalado que no hay una relación simple entre una única causa y la pérdida de marismas. Así, una de sus principales aportaciones reside en mostrar que cada zona responde de manera diferente dependiendo de sus características geomorfológicas, su conexión con las mareas y las transformaciones humanas que ha experimentado a lo largo del tiempo. De hecho, el Trocadero (Puerto Real), Santibáñez (Cádiz) y Punta de la Clica (San Fernando) presentan trayectorias distintas, aunque en los últimos años estas diferencias tienden a converger hacia un escenario general de regresión.

«La conservación pasiva de estos espacios ya no es suficiente para garantizar su resiliencia a largo plazo», han concluido los investigadores, que han advertido que «tampoco existe una única solución aplicable a toda la Bahía, por lo que las medidas deberán adaptarse a las características y evolución de cada zona».

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